La escena se repite en varias tiendas del centro histórico y de la avenida Las Américas: alguien llega con una licuadora que dejó de girar a los cuatro meses y descubre que sin la caja original el trámite se complica. No es capricho del vendedor. En la mayoría de locales de Cuenca, la caja funciona como prueba de que el producto salió de ese mismo estante y no de un lote paralelo.
La factura con RUC del establecimiento es el segundo papel que casi nadie guarda bien. Una nota de venta escrita a mano sirve para reclamar el cambio el mismo día, pero rara vez activa la garantía de fábrica. Si el comprobante no trae el detalle del modelo y la fecha, conviene pedir que lo anoten antes de salir del local.
El tercer elemento es el sello o firma del vendedor sobre la factura. Varios lectores han reportado que sin ese sello la tienda deriva el caso al servicio técnico autorizado, y ahí empieza otro recorrido: formulario de ingreso, revisión de 5 a 15 días y, si el daño no entra en cobertura, un presupuesto que corre por cuenta del cliente.
¿Y si el producto se compró en una feria o en un local que ya cerró? La ruta cambia. Se puede acudir a la autoridad de defensa del consumidor con la factura, fotos del producto y una descripción escrita de la falla. No hay resultado garantizado, pero es el camino que reportan quienes lograron una reparación o un reembolso parcial.
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